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Las páginas de Miss Carabobo 1986 de Lorena Tosta son exactamente así

Lorena María Tosta Jentsch (hoy de Macrobio) una mujer hermosa de 49 años de edad, quien tuvo el honor de ser miss en 1986, ella fue la bella Miss Carabobo, nacida en Valencia,  el 23 de agosto de 1965, bajo el signo de Leo. Le pregunté por sus medidas, ella comenta muy sincera, “¿las de ahora o las de entonces? Jajajajaja, supongo que igual que todas 90-60-90 es un chiste, no recuerdo. Jamás esas cifras pues soy muy alta, mido 1.80 mts”.

Memorias de su historia y anécdotas de miss
Me gradué de bachiller en el liceo Juan XXIII, luego viví un año en Carolina del Norte y al regresar me quedé en Caracas estudiando Comunicación Social en la UCAB, donde me gradué con mención en prensa.

Nunca pensé en concursos, en realidad era una adolescente "nerd" muy alta y demoré en desarrollarme, así que no era especialmente buscada entre los de mi edad. Terminé el colegio a los 14 años y todavía tenía muñecas en las repisas. Creo que sólo al llegar a Caracas me enteré de lo bonita que era, o podía ser, era una niña del interior, jamás había usado tacones y no tenía idea de maquillarme ni nada de eso.

En la UCAB, hice una amiga que quería que la acompañara a un curso de maquillaje con Rita Córdova; y como me hacía falta aprender algo de eso, me inscribí. Allí me vio Osmel Sousa y el resto pasó solo. Me pidió que fuera a la Quinta Miss Venezuela allá en El Rosal, habló un poco conmigo, recuerdo que solo quiso ver mis rodillas (¿no imagino para qué?) y al día siguiente era Miss Carabobo 1986 y no tenía idea del peo en que estaba metida(jajajaja). Para mí siempre fue un juego. No tuve una participación más destacada,  puesto que nunca lo tomé en serio y por eso siempre me regañaban. Sé que tenía potencial pero no supe o no quise aprovecharlo. Me interesaba mi carrera y lo que el concurso pudiera aportarle, cero interés en farándula.

¿Anécdotas? hay muchas, pero la mayoría son aburridas y las interesantes no son publicables. Lo recuerdo como algo positivo en mi vida. Tuve oportunidad de hacer y tener muchas cosas que hoy sé son inadecuadas, y si me dan a elegir, hice lo correcto, de lo cual me siento muy orgullosa. Nadie nunca me ofendió ni me hizo ofertas raras, simplemente todo estaba allí y uno hacía lo que le parecía.

Aprendí muchísimo de mí misma y recuerdo con cariño a Emma Ninaus y María Kallay quienes fueron grandes maestras. En aquella época me quejaba, pero hoy sé que de Emma adquirí para siempre la postura erguida, la elegancia que me caracteriza y el buen gusto. Las horas de pasarela con María vigilándonos con una fusta, sí, más de una vez me golpeó los tobillos para que acomodara un pie o enderezara la espalda. Nada de eso lo habría aprendido sin el certamen y sus eventos.

Cualquier mujer que se haya parado semidesnuda ante la audiencia de un teatro, donde no es admirada sino juzgada, sea capaz de alzar la cabeza y caminar con soltura y desenfado, adquiere una seguridad en sí misma que perdura para siempre. Eso es lo más importante para las que no ganamos.

 Yo deseaba que ganara Bárbara Palacios, pues aún compitiendo contra ella, la consideraba más adecuada para el cargo, porque al fin y al cabo se trata de un trabajo más y es ingenuo pensar que se trata solo de belleza. Su trayectoria profesional ha demostrado que ciertamente era la elegida, ella ganó Miss Venezuela, Miss Sudamérica y Miss Universo 1986.

Mi personalidad es diferente, soy poco indulgente con las cosas que veo, crítico y cuestiono todo aunque ello me perjudique, bueno, periodista al fin y al cabo; filósofa luego. Imaginarás demasiadas inquietudes para domesticarlas en un concurso.
¿Un ejemplo? ese año estaba de moda una telenovela llamada Las Amazonas y tuvimos que ir al hipódromo con sombreros y esas ridiculeces que no son propias del trópico. Obvio que me negué a usar botas negras, medias opacas ni sombrero de plumas y por supuesto me sacaron de la foto. Esa actitud rebelde constante no era propicia para ganar adeptos.

Y eso es todo, no hay arrepentimientos ni tampoco fuegos artificiales. El certamen fue importante para crecer como persona, pero no estaba hecha para dedicar mi vida a ese ambiente. También mi trayectoria lo ha demostrado así pienso que las niñas (porque son niñas, si me disculpas que hable como madre pero eso soy) que sufren y se desgastan en los concursos es por inmadurez; porque se creen el cuento, entregan sus vidas y algunas hasta sus cuerpos, a causas o "benefactores" que solo desean obtener beneficios temporales.

Drogas, viajes, favores a hombres mayores. Todo eso está allí, nadie te obliga, pero está y es una tentación cuando eres muy joven y no tienes suficiente apoyo de tu familia que ayude a mantener tu norte claro. Yo participe y listo.
Me casé en el año 1988 con Alessandro Macrobio, con quien sigo casada y tuvimos tres hijos, hoy de 26, 24 y 18 años. Realicé un posgrado en Literatura, y soy doctora en filosofía moderna de la USB. Tengo un servicio de Catering en Ciudad de Panamá y un negocio de importación de griferías y accesorios.